Tercer juego consecutivo bajo las luminarias candentes de jueves, domingo y ahora lunes por la noche para unos inofensivos vaqueros.
La búsqueda de respuestas se ha reducido a que, de pronto, ya no se sabe ni cuáles son las preguntas. Tal parece que, de momento, las tres fases del juego vaquero andan patinando sin poder encontrar este juego complementario del cual tanto se habla.
De hecho, la defensiva de la cúpula Parker/Pettine se presentó con algo de presión en Green Bay, capturando a Jordan Love en tres (3) ocasiones, un aspecto que simplemente no aparecía ante mariscal de campo tras mariscal de campo luego de seis semanas. Pero si en este rubro se pudo establecer algo, la defensiva en tercera oportunidad del domingo por la noche fue torturada al son de 11 de 18 (61.1%) por parte de sus anfitriones.
Por su parte, los Cowboys tuvieron un cinco de trece (38.5%) en terceras oportunidades por parte de su propia ofensiva, que por segunda semana consecutiva mostró la consecuencia de ver cómo su defensiva no les daba el balón, y la ilusión de contar con un juego complementario de nuevo fue un espejismo.
Dak Prescott tuvo 34 de 54 para 258 yardas, 1 TD y 2 INTs. Su juego terrestre tampoco le ayudó, con un embotellado Javonte Williams con once acarreos para 41 yardas y 1 TD. CeeDee Lamb, George Pickens y Ryan Flournoy se combinaron para 22 recepciones para 203 yardas, siendo la del tercero la única anotación surcando los aires.
Todos los integrantes de la División Este de la NFC fueron derrotados en la sexta jornada y, de pronto, el anhelo de tener a un GOTI para aprovechar la catarsis generalizada de la división se traduce en verse como uno de estos mismos equipos del montón al entrar a la séptima jornada.
Los Carneros de Los Ángeles (2-4), junto con los Santos (2-4) y los Leones de Detroit (3-2), son los falderos de sus propias divisiones y están viendo las consecuencias de llegar a estas alturas de la temporada, con el ahora cambio de clima a otoñal, y estar perdiendo de vista a los punteros, como lo son los Vikingos (5-0), los Gambusinos (6-0) y los Osos (5-2).
Para Brian Schottenheimer, tener en la mira a un rival divisional nadando en las mismas aguas de la duda y la incertidumbre que su propio equipo debería verse como una oportunidad, si es que pueden tomar el timón rumbo a aguas menos turbias.
Los emplumados llegan como la ofensiva número 30 de 32 equipos, con un total de 255.5 yardas promedio por juego, siendo la 29 con apenas 82.2 yardas por tierra y la 26 por aire, con un promedio de 173.3 yardas por cotejo. La defensiva del coordinador Vic Fangio es la 27, permitiendo 363.8 yardas por juego, colocándose como la 19 con un promedio de 119.3 yardas por tierra, mientras que por aire están como la 26, permitiendo 244.5 yardas por encuentro.
Por su lado, los Cowboys llegan como la decimotercera ofensiva en yardas, promediando 343.2 yardas; la 31 en yardas por tierra, al son de apenas 76.0 yardas promedio, y la sexta más productiva por aire, con un promedio de 267.2 yardas por juego. Del lado del coordinador defensivo Christian Parker, la defensiva es la 30 de los 32 equipos, permitiendo 395.4 yardas totales, 149.8 por tierra, reflejando el último lugar de 32, y ocupa el puesto 21 por aire, permitiendo 232.7 yardas por encuentro.
Los Cowboys traen un -4 en intercambios, una intercepción y dos balones recuperados, mientras que los pupilos de Nick Sirianni arrastran su propio -2, producto de tres intercepciones, con cero en el renglón de balones recuperados.
Para todo esto, vamos a las cinco claves del juego número 135 entre estos dos acérrimos rivales divisionales, donde los Cowboys tienen la ventaja de 75-59, incluyendo también la ventaja de 3-1 en encuentros en la gran fiesta.
Clave 1. A sacar al público. Cuando los programadores del calendario 2026-27 presentaron un Monday Night Footballpara esta séptima jornada, se figuraban a ambos equipos carburando y jugándose el liderato de la división. Pues no, se presentan dos equipos cuyos números decretan que son del montón y están a punto de convertirse en equipos cuya existencia sea, de pronto, aguarle la fiesta a otro equipo protagonista. Pero para el público emplumado, esta es la oportunidad de pegarles a unos Cowboys que poco pudieran aguantar otra zarandeada como la de las dos semanas anteriores. Crítico para Schottenheimer es salir agresivo y con un plan cuyos ajustes no impliquen dejar de correr el balón, pero con el propósito de marcar territorio con una posesión larga, evidenciando las armas ofensivas con las que se cuenta. El poder jugar sueltos y con agresividad ante este público se reduce a la falta de errores, el convertir en tercera oportunidad y el hacerle la vida de cuadritos al mariscal de campo contrario. Sentarlo. Y así lograr sentar al monstruo de 75,000 cabezas.
Clave 2. Presión desmedida. Decía el «pomadoso» Al Davis, en referencia al mariscal de campo contrario: «Tiene que caer. Y tiene que caer con fuerza». Ese adagio no pudiera ser más apropiado ante la confrontación de la defensiva vaquera —los Williams, Gary, Clark y Ogbonnia— con el desconcierto y el atolladero en el que está la ofensiva de Philadelphia. Tanner McKee es el titular, con su estelar Jalen Hurts fuera el resto de la temporada. Inclusive, el reserva ahora es el novato Cole Payton, seleccionado en la quinta ronda del draft procedente de N. Dakota State, y de pronto aparece Joe Milton como el tercero y volantazo de ser requerido. No me quiero ni imaginar… Ahora es cuando para la defensiva vaquera: un mariscal de campo inexperto y menos móvil, sin juego terrestre, corriendo por su vida ante una línea ofensiva que ha permitido 16 capturas, tres de estas sobre McKee. La versión positiva es cerrar el juego terrestre, juegue o no juegue Saquon Barkley, y obligar a McKee a tirar y arriesgar, con el punto final de que la secundaria esté lista para las oportunidades que se vayan presentando.
Clave 3. A sentar cabeza. Otra semana larga y de preguntas y más preguntas para Dak Prescott. Lo bueno es que sabe ser el mariscal de campo de los Dallas Cowboys: frialdad y cordialidad. Con toda la losa encima, de pronto tiene que preocuparse por un desadaptado que pensó que podía decirle en público lo que se le pegara la gana, y ser cuestionado ahora por el significado de GOTI. Las últimas semanas han sido difíciles para lo que se esperaba sería otra temporada donde sí se pudo. El desbalance existente es evidencia de la caída de la ofensiva; el ver cómo desechan el juego por piernas por estar abajo en el marcador tiene a un Prescott manejando una nave sin instrumentos. Lo cierto es que, al ganar el volado y querer el balón en Green Bay, no pudieron convertir una tercera oportunidad y decidieron patear desde la yarda 47 de los Packers en su primera salida. Esto no puede suceder en Philadelphia, donde la ofensiva vaquera se vea sin posibilidades de mover las trincheras y pateando de despeje. Son dos equipos con ofensivas poco predecibles, pero tendiendo a la baja por inconsistentes y sin juego terrestre. Aquí la consigna es que el mariscal de campo franquicia pueda vencer a su homónimo, ocupando el lugar de su propio jugador franquicia.
Clave 4. La jugada grande. Siempre que se presenta un juego de intensa rivalidad, se dice que se pueden tirar las marcas por la ventana. Pues aquí hay un duelo entre dos equipos en busca de respuestas y, de ser un juego intenso y decidido después de la pausa de los dos minutos, esa es la meta en el mundo del espectáculo: que haya intensidad. Bueno, aquí la hay. Philadelphia vive esperando esta semana, la semana de la visita de los odiados Dallas Cowboys. La semana pasada, las Panteras les pisotearon su pista de baile, de pronto escuchando los abucheos y la inconformidad durante el juego, y ahora se presenta una oportunidad de ganarse a su público. La maquinaria ofensiva vaquera por aire está obligada a realizar jugadas espectaculares, pases de media y larga distancia que pongan en relieve el resultado de tener una identidad establecida y jugar utilizando las bondades de lo que se tiene. Pues aquí se tiene que lucir George Pickens con un lance para la siguiente portada, CeeDee Lamb colgarse del balón entre tres secundarios y ver a Javonte Williams ingresar a las trincheras y reaparecer del otro lado, en pleno galope a campo abierto.
Clave 5. Aprovechar el momento. Todo mundo cree que con tiempo se pueden revertir resultados negativos, siempre y cuando se siga buscando el porqué las cosas no están funcionando para empezar. El equipo de Jerry Jones está al filo del precipicio, a punto de perder el mote de protagonista y, por ende, de afrontar otra temporada sin llegar a la gran fiesta. Por un lado, está la posibilidad de llegar a Philadelphia ante un equipo derrapando en el hielo, luego de ganar sus primeros dos partidos y perder los siguientes cuatro al hilo. Si la silla anda caliente acá, allá está ardiendo. En este momento hay mucha presión sobre el club en todos los niveles y los Cowboys tienen la oportunidad de hacerles ver qué tan larga va a ser su temporada, luego de que aprovechen las deficiencias de un equipo arriesgando una racha de cinco derrotas para luego visitar a los Comandantes en la capital en la octava jornada. Este seguro será un juego de volteretas e instantes impredecibles, y más por ser esta gran rivalidad entre los equipos y las ciudades en sí; todo mundo sabe que la semana de los Cowboys en Philly genera la expectativa de ver a los amados pajarracos pegarle al odiado vaquero. Dos equipos a la deriva en busca de ver quién es el de la suerte.





















